sábado, 2 de junio de 2012

" NUESTRA CURIOSA POSICIÓN " de CHARLES BUKOWSKI

Saroyan dijo en su lecho de muerte,
"creí que nunca moriría..."

sé lo que quiso decir:
yo me veo para siempre
rodando un carrito en el
supermercado
buscando cebollas, papas
y pan
mientras observo a las casuales
y ocurrentes damas que pasan
empujando.
yo me veo para siempre
manejando en la carretera
mirando por un sucio
parabrisas con la radio sintonizada a
algo que no quisiera
escuchar.
yo me veo para siempre
echado hacia atrás en la
silla del dentista
la boca
abierta a lo cocodrilo
meditando en que
yo estoy en el
Quién es Quién en América.
me veo para siempre
en un cuarto con una mujer
infeliz y deprimida.
me veo para siempre
en la bañadera
peando bajo el agua
mirando las burbujas
y sintiendo orgullo.

pero muerto, no...
la sangre salpicando de
mis fosas nasales,
mi cabeza rota contra
el escritorio
mis dedos aferrados a un
espacio oscuro...
imposible...

yo me veo para siempre
sentado en la punta
de la cama
en short con
un cortauñas
para recortar
los grandes y feos trozos
de uña
mientras sonrío
y mi gato blanco
se sienta en la ventana
a contemplar el pueblo
afuera
mientras el teléfono
suena...

entre las
agonías
puntuales
la vida resulta
un amable hábito:
entiendo lo que
Saroyan
quiso decir:

yo me veo para siempre
bajando las
escaleras
abriendo la puerta
caminando hasta el
buzón
para hallar toda esa
publicidad
que
tampoco
me creo.

domingo, 27 de mayo de 2012

" RESULTADO " de CHARLES BUKOWSKI


El cuarto era pequeño pero pulcro y cuando lo visité
él estaba sobre aquella cama como una foca varada
y era embarazoso, diría yo,
conectarse con la conversación;
realmente no lo conocía tan bien
excepto por su escritura,
y lo mantenían drogado–
continuaban operando, trozando partes
de él
pero al ser un verdadero escritor
Fante hablaba de su siguiente novela.

ciego, y recortado, una y otra vez,
ya había dictado una novela
desde aquella cama
una buena obra, había sido publicada
y ahora me hablaba sobre la otra
pero yo supe que él no lo conseguiría
y las enfermeras sabían
todo el mundo sabía
pero él seguía contándome
de su siguiente novela.
tenía una rara idea para la trama
y le dije que sonaba
genial,
y tras otra visita o dos
su esposa telefoneó una tarde
y me dijo que
todo había acabado...

está bien, John, nadie ha podido nunca
escribir la última.

sin embargo, fuiste realmente duro con las enfermeras,
y eso me agradó, con la forma en que las ponías
a correr dentro de sus blancos arrugados,
demostraste que yo estaba más que en lo cierto:
mi afirmación
de que tu poder de mando
tan sólo con el lenguaje era
una de las cosas magníficas de
nuestro siglo.